sábado, 15 de febrero de 2014

SAN FRANCISCO DE ASÍS HIZO EL CAMINO DE SANTIAGO

La Orden Franciscana inauguró el pasado 17 de enero el Año Jubilar que conmemora los ocho siglos transcurridos desde la peregrinación de San Francisco de Asís a Santiago de Compostela.

Entre las actividades previstas para este celebración destacan las tres jornadas de puertas abiertas que a finales de marzo permitirán la visita del convento de Santiago y sus dependencias en la ciudad, con explicaciones sobre el trabajo que desarrollan actualmente los franciscanos.

San Francisco de Asís hizo el Camino de Santiago -hay discrepancias sobre el punto de partida del itinerario- y en el templo de Compostela recibió la inspiración de extender su Orden por todo el mundo. Desde entonces pasaron a ser fundaciones franciscanas varios eremitorios ubicados en la ruta jacobea, donde el santo encontró hombres piadosos que quisieron asumir su forma de vida.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO V T.O.


Jesús ha elaborado el programa de la misión para proclamar e iniciar el Reinado del Señor. Jesús se propone como la luz verdadera con la que el Señor ilumina el mundo. Con él, Dios se deja ver. Y elige a sus seguidores y los incorpora a su misión. También ellos deben ser como él luz y sal, como su vida y doctrina lo está haciendo para los habitantes que viven en los pueblecitos de Galilea. Pero así como la luz y la sal no existen para sí ni por sí mismos, sino para ver otras realidades y darle sabor a las comidas, así el discípulo no tiene razón de ser por sí mismo, sino para proclamar el Reino. 

Y el Reino se proclama con buenas obras. Éstas tienen una doble vertiente: las relaciones internas que hacen al discipulado símbolo de la presencia del Señor ―para ser el primero hay que servir― y las acciones encaminadas a dignificar la vida de los demás. Las obras de amor son antes que las palabras de consuelo. Las bienaventuranzas señalan cuáles son las buenas obras de los discípulos. 

Hay acciones que sólo buscan nuestros intereses; las hacemos porque nos convienen a las pretensiones que tenemos en la vida. No nos importa si son buenas o malas; si les cae bien a los que nos rodean; o más aún les hacen daño. La luz sólo ilumina nuestros ombligos, nuestras ideas sometidas a nuestros egoísmos. Estas actitudes las condena Jesús tajantemente y sentencia: que no sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda. Es el fariseo que se ensalza a sí mismo ante el Señor, despreciando al pobre publicano pecador. Cuando Jesús manda lo contrario: que nuestras obras iluminen a los demás, indica que nuestra vida debe ser un vehículo del amor de Dios a su criatura, para que el Señor reine en todos por medio de nuestra obediencia a su amor. Ello destruye el yo egoísta y ensalza la vida y las relación con los demás.

F. Martínez Fresneda, OFM